La Coctelera

La mano del diablo

Escribía en una de esas pizarras blancas. Intentaba explicar una cosilla sin importancia, sin embargo, mi mano no me respondía muy bien. Siempre he tenido una letra horrible, pero ésto era demasiado. Letras temblorosas que me costaba definir. Además mi ritmo era bastante más lento de lo normal.
Y ahí estaba, con el ceño fruncido preguntándome por qué demonios mi mano no quería colaborar, cuando:

Alumno: Never, cariño... ¿desde cuando eres zurda?
Never: Oh... uhm.... ^^U

Edit. Que soy diestra, leñe, a ver si ahora se entiende mejor XD

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20 años (y un poquito más)


Wiki.

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Los días de nuestra vida (In the hospital)

Capítulo 231:  Bienvenida a Egolandia

- Tu mujer ha pasado muy mala noche. Le han retirado los calmantes y estuvo vomitando. Ahora se pasará la enfermera a ver si finalmente la preparan para quirófano...

- Tsk... Mala noche la que he pasado yo, Never, que un mosquito no me dejaba dormir, el muy cabrón...

- [...] Vale, doy por hecho que no me vas a relevar...

(Verídico, niños, verídico)

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¿Estás en la guardería? ¿Y tienes novio?

Qué monos, qué graciosos. Con cuatro añitos y dice que tiene novia. Me parto. Qué ricura.

Una puta mierda.

Es un poco de todo, supongo. Las cosas cambian y no se le puede echar la culpa de todo a la televisión (a que LES DEJEN ver esa televisión). Pero seguro que influye. Los malditos High Schools y Hannas Montanas, y todas esas series y películas de ahora para niños en las que adolescentes o preadolescentes tienen relaciones culebrónicas de amor entre clase y clase. Que las niñas estén sentadas junto a sus padres mientras éstos ven “Se me fue el corazón” o “Pasión de pajarracos”…

Pensemos en los once años. Pensaré en mis once. Mi madre no me censuraba nada de la tele. Pero claro, lo que veía eran pelis y series dónde había relaciones sentimentales, sí, pero no todo giraba entorno a un beso o a una cita, ni la media de edad eran los quince.

¿Que Charlton Heston se sentía inferior a Eleanor Parker? Vale, pero lo que se te quedaba era la marabunta de hormigas.
¿Que Robin de Locksly estaba coladito por Marian? Claro, pero lo que molaba era ver cómo se hacía líder del grupo de proscritos.
¿Que Aladdin y Yasmin se casan? Sí, pero te marca más el Genio, Yaffar, el sultán, la alfombra…

¿Pero con qué se queda mi hermana ahora? Con que las protas de sus pelis cantan, bailan, son guapísimas y se llevan a los chicos. Siempre después de haberlo pasado mal porque alguna lagarta se mete entre ellos.
Esa es la sinopsis de todas las películas que me hace ver con ella. Y no digo “hacía” porque sería tontería no permitirle verlas (o rebajar la cantidad de bazofia). La veo cada dos fines de semana, no soy yo (ni nadie, ya que estamos) quien regula lo que ve.
Así que mientras lo vemos, ridiculizo el dramatismo de las escenas, a los protagonistas… No se me ocurre otra cosa.

Volvamos a mis once. Un chico me dijo que le gustaba y le pegué. Vale, yo era pelín agresiva. Pero en realidad, así reaccionaban casi todos. Pocos hablaban de “gustarse” y si lo hacían, no conseguían más que burlas o golpes (^^U). No se “ponían de novios” (no sé si es una expresión que se use por ahí).
De hecho, la “relación” más joven que recuerdo, debíamos tener trece, y lo más que hacían era darse un piquito al saludarse y al despedirse. Casi ni se miraban el resto del tiempo.
Me llevo doce años con mi hermana, no puede haber cambiado tanto la cosa, joder.
O quizá el Alzheimer (y mi asexualidad u_u) no me deja hacerle justicia a la realidad.

Never: En… entonces… ¿ya te han besado?
Enana:
Calm down.
Never: ¿Con… lengua?
Enana colorada: Sí…
Never pálida: ahm…

¿No debería preocuparle más conseguir tal juego de la DS o ir al cine a ver una película de verdad? No sé, algo acorde a su edad.

Sigo pensando que el cine hace muchísimo. Para bien y para mal. Quizá a mí me influenció demasiado. Pero aprendí mucho. No me explico que a su edad no haya visto ni una peli decente. Todo infantiles/adolescentes y no de las buenas.

Aparte de la influencia audiovisual (no quiero entrar en el tema de los libros porque me cabreo, que sólo lee novelas de High school y se las regalan sus papis...), está lo que le enseñamos los mayores. Que le preguntes a un niño de cuatro años si tiene novia y se lo vuelvas a preguntar a los cinco y a los seis; y se lo pregunta el vecino, la compi de trabajo, el tito… Aunque al crío no le interese tener novia ¿no acabará pensando que eso es lo normal, lo que se espera de él? ¿No le llegará a dar vergüenza admitir que no la tiene?
Habrá a quien no le afecte y habrá a quién sí. Cómo my little sis.

El otro día me contaba que, después de ver a unos compañeros de clase descargarse porno en el móvil, el chico que le gusta se la llevó a parte y la obligó a confesar lo que sentía, la besó y después le dijo que tenía novia.
Me cuesta imaginar a un crío siendo tan retorcido. Mientras me lo contaba la enana, me imaginaba una escena con chicos de dieciséis. Así sí me cuadraba. Pero las frases, los actos… ¿en críos de once?
Que los niños son cabrones, pero ¿con este tema? En fin, se meten con los cuatro-ojos, con los apellidos graciosos o si alguien tiene el pelo demasiado… rojo. Cualquier excusa es buena. ¿Pero jugar con los sentimientos así?

Mi hermana no suele mentir, pero que podría hacer carrera en el teatro, no se lo quita nadie. Anoche se pegó una panzá de llorar en mis brazos porque ella “quiere” a ese chico y los tíos son tan tontos…
Madre-del-amor-hermoso.
Respiremos hondo.

Never:
Es un niño, como tú, no un “tío” y… lo quieres… para qué? ¿qué ibas a hacer con él?
Lloriqueos. Vale.

Me contó una historia mucho más preocupante pero que no relataré. Sólo decir que no sé cómo hacer que no se deje tratar de cualquier manera solo por la posibilidad de una relación (pronunciemos “relación” con tono burlesco).
Que ya le hablo de todo lo que puedo, que le pongo ejemplos, que le explico durante horas… El problema es que es demasiado pequeña para entender según qué cosas. No quiero confundirle más. Y tampoco es que nos veamos mucho.
Después de varias horas de pensar cada palabra que pronuncio (una cosa sí tengo clara, cuando eres pequeño, hay frases que se te quedan grabadas para siempre) y mantenerme serena por fuera cuando por dentro estaba al borde de un ataque de pánico, la dejé durmiendo y yo acabé que me costaba respirar.
Me venía una imagen de ella, adolescente y preñada.
Se ve que se me contagió el dramatismo. Pero aún estoy acojonada.

Supongo que será una etapa más. Que se le pasará sola. Aunque voy a asegurarme de que espabile, como sea.
Enseñarle a defenderse físicamente es fácil (bueno, con su coordinación, un día se va a hostiar ella sola) pero defenderse sentimentalmente…
No quiero convertirla en una zorra manipuladora, que me veo ya como Anne Bancroft (más quisiera yo) en Grandes esperanzas. No quiero que se cierre en banda, pero tampoco que se exponga totalmente por una idea falsa del amor.



Bueno... eso, que dejéis de preguntarle a los niños si tienen novios/as (¬¬).
Y menos culebrones y más leyendas de indomables, regresos al futuro, vuelos sobre nidos de cuco, imperios que contraatacan, grandes evasiones…

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Elegí una mala semana para dejar la coca-cola

Psé... que la he dejado, sí. Pero me siento un poco Barney Gamble, dejando una adicción por otra. Tengo la habitación llena de botellas vacías de litro y medio de té al limón.

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Se me perdió la imaginación

No sé cómo ocurrió, pero lo descubrí cuando, pasando la tarde con mi hermana pequeña, no fui capaz de inventarme ni una sola historia para ella. Estábamos hablando de un viejo proyecto de las dos (no tan viejo, que sólo tiene once años). Un cómic que hacemos conjuntamente (una historia seria y de gran calidad gráfica U_U). Pero, no pude diseñar ni un solo personaje, ni idear un solo trasfondo.
Pensaba y pensaba pero estaba en blanco. Parecía que me hubieran apagado una parte del cerebro.
Intenté recordar la última vez que había escrito algo de ficción, la última vez que había dibujado algo que no hubiera visto antes en otra parte, la última vez que soñé…
Hacía mucho tiempo que no conseguía recordar mis sueños (si es que los tenía). Antes era rara la mañana que no me levantaba recordando toda una aventura onírica. Ya no me despertaba con la sensación de haberme enfrentado a un dragón junto a un duende o eliminado a un grupo de zombies junto a un superhéroe o huido de una mangosta gigante… Me despertaba, sin más.

Empecé a agobiarme. Busqué entre mis libros, entre los libros de los amigos, las películas, las series, los cómics… No había rastro de ella.
No sé si sabéis lo triste que es no tener imaginación a la que recurrir. Todos los huecos que rellenaba con ella, ahora estaban vacíos.

Probé a rolear. Interpretar un personaje de vez en cuando, ayuda. Pero cómo no era capaz de diseñar bien el personaje, se parecía demasiado a mí (reaccionaba como yo reaccionaría), con lo que la “interpretación” no era gran cosa.

Poco a poco fui mejorando en ese aspecto, creando mejores personajes e improvisando. Pero seguía sin soñar, ni dormida ni despierta.

Afortunadamente, presiento que estoy cerca de recuperarla y gracias a una canción. Cada vez que la escucho, me vienen imágenes que nunca había visto, salvo en mi cabeza.
Mi imaginación sigue apagada o fuera de cobertura cada vez que la llamo, pero al menos, surge ella sola de vez en cuando, al ritmo de Natasha Khan.
El día que vuelva del todo, pienso hacer una fiesta. Estáis invitados.

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Por culpa de una amiga

...y de mi mente enferma, no puedo dejar de escuchar la puñetera canción. Una y otra vez.

video

A ver si consigo contagiar a todos, por pura maldad.

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El día de la madre.

Me liaron, como siempre. Mi familia me hizo (a ver cómo aguantas una reunión de esas sin…) beber.
Después de una comida (hablo de la conversación, el roastbeef estaba exquisito) más o menos aceptable (algunos de los presentes hasta habían tomado protectores de estómago o infusiones relajantes antes por si acaso, verídico) empezó el café, junto con el cava y luego la mistela y luego el whisky…
Y a las cinco de la tarde (Lorca?) tenía un ciego que no me mantenía en pie (no es muy poético, no). Ni yo, ni mi abuelo. No consigo recordar dónde estaban el resto. Pero el patriarca y yo estábamos en el suelo, uno junto al otro, bebiendo chivas de 18 años cómo si fuera agua (¿dónde está mi aguante con la cerveza o el vino?).
Sé que cuesta imaginar a un anciano como un adolescente sin moderación sentado en el suelo de su casa. Pero el señor Rosa (por ponerle un nombre y de culto) tiene unos sesenta y seis, sin embargo, aparenta quince menos, de cuerpo, mente y espíritu. Aun es capaz de ligarse a alguna treintañera… Claro que, el dinero que tiene, ayuda bastante.

Hace un tiempo, ese hombre renegó de mí y yo no fui muy amable (no en ese orden, en realidad) pero ahora éramos compañeros de borrachera. Me estaba contando una de sus batallitas. Tiene miles y realmente interesantes (casi todas). Hay pocas cosas que no le hayan pasado. Se ligó a unas tías con Sean Connery (hay fotos), le salvó la vida a una familia que tuvo un accidente de coche (hay cicatrices), ganó un concurso de canto bastante importante en la época, han intentado matarlo un par de veces (más cicatrices), con seis años su madre murió y él preparó su cadáver para el entierro (ya soy capaz de oír esa historia sin que se me revuelva el estómago), empezó a trabajar a los cuatro años en la panadería de su padre (y en el horno, nada menos), le prestó dinero a Paul McCartney (y no se lo devolvió), le dijo a su actual mujer cuando la conoció (hace treinta y tantos años) que era soltero y sin compromiso, aunque estaba casado y tenía cuatro hijos (y sí, te lo cuenta como algo gracioso, una anécdota para amenizar la comida con la mujer delante ^^U)…
Podría seguir pero me faltaría blog.

Oyéndole, acabas entendiendo ese egoísmo-egolatría-egocentrismo-soberbia-soy mejor que tú en todo y no me lo puedes discutir porque yo en el año 76 hacía esto y lo otro y me voy de putas porque es lo que hacemos los hombres. Dejando a parte que se crea mejor que nadie (en realidad creo que no se soporta), su egoísmo (¿supervivencia?) diría que radica en la vida tan dura que ha llevado. Cuando habla de su infancia a una le vienen a la cabeza obras cómo Las cenizas de Ángela, y me parecen cuentos de hadas.

Y me viene la duda de siempre. La mayoría de los hijos de puta que conozco (y mi abuelo lo es, aunque haya hecho alguna gran obra, todo lo demás es… [insertar sinónimo de “ruin” que no suene cursi]) parecen haber tenido una infancia realmente dura. Creo que todavía no he encontrado la excepción. Alguien que lo pasara mal (realmente mal) de pequeño y ahora sea una persona más o menos honrada.
No puedo saberlo porque, obviamente, pocos hablan de esas cosas. Pero me gustaría encontrar a alguien así. Respiraría más tranquila.

En fin, estaba en el suelo con mi abuelo, hablando de mi tío, su hijo. Murió hace unos once años (las fechas no son lo mío). No hay reunión en la que no hablemos de él.

De pronto, el hombre que siempre tiene algo que decir, se calla. Le miro. Se saca la cartera del bolsillo trasero con dificultad y la abre, sacando un trozo de papel. Me lo da, lo desdoblo: La página del periódico en la que hablaban de su muerte.
Fue algo bastante sonado.
Me señala la foto de su hijo y se echa a llorar antes de seguir bebiendo.

- Habiendo hijos de puta cómo yo, por qué tienen que morirse los buenos…

Y le abracé. Bueno, le pasé un brazo por los hombros. La primera vez que le tocaba, al margen de un par de besos que no se llegan a dar realmente al saludar.

- No te cases nunca
Algo desconcertada, le contesto.
- Mi madre ya me prohibió casarme cuando tenía diez años, creo que es en lo único que le haré caso.
- Haces bien. Si quieres un poco de leche de vez en cuando, no necesitas comprarte una vaca.
La risa me hizo escupir el whisky.
- Deja de decirme guarradas, Rosa (le llamo por el apellido), me das mal ejemplo
- Pues casi me alegro, intenté darle buen ejemplo a mis hijas y me salieron tontas y putas…
Me río casi bufando.
- Teniendo en cuenta todas las historias que me habéis contado de cuando eran niñas, lo que tú entiendes por buen ejemplo…
- Lo hice lo mejor que supe
- No era suficiente y será mejor que cambiemos de tema, estoy empezando a recordar todo lo que les hiciste. Normalmente lo olvido al entrar por esa puerta, para poder tratarte como un ser humano.

En un momento me da pena, al siguiente asco. Siempre estoy muy cerca de cortar la relación con él definitivamente. Pero nunca lo hago.

El señor Rosa aparta la mirada. Luego me rellena el vaso y hablamos de fútbol.

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