. Never was here . http://never.lacoctelera.net Me has conocido en un momento extraño de mi vida. es-es Tecnología http://s3.amazonaws.com/lcp/never/f/eeb15b27b67d5b8ea0127f269d53bbee.jpg . Never was here . http://never.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com "No puedo mover los brazos" http://never.lacoctelera.net/post/2009/10/18/no-puedo-mover-brazos 2009-10-18T00:38:49+00:00

"Llevas muerto todo el día"

Hacía mucho que no veía "La princesa prometida". Realmente, es una gran duelo el que tienen Íñigo y Westley. No lo digo por la escena en sí y el comportamiento del español, eso lo recordaba. Lo que no recordaba es que los actores manejaran tan bien la espada. Está bastante conseguido.

*

Hoy he ido con la friki-loca-obsesiva-hiperactiva que no debe tomar azúcar al cine.

La muy puñetera ha decidido comerse un dulce lleno de chocolate justo antes de entrar. Se ha pasado la película hablando y moviéndose. Así que la he dejado tirada en su asiento y he huido a otro bien lejos.

Una de las dos iba a morir si seguíamos juntas.

Pero me he dejado la chaqueta a su lado. El aire acondicionado del cine ha contribuido a acelerar mi proceso de resfriamiento y ahora estoy flotando en un mar de pañuelos de papel.

Qué asquito, con la de trabajo que quería adelantar el finde y me cuesta hasta respirar.

Mi compañera no está estos días, pero me ha dejado notas para que me tome la medicación.

No entenderé una palabra de lo que me dice y su risa me provoca dolor de cabeza, pero qué apañá es.

Bueno, a quién realmente no entiendo es a otra chica, que yo daba por hecho que era extranjera y tenía un extraño, extrañísimo, acento. Pero no, es española, aunque habla muy raro.

Lo paso mal cuando se dirige a mí. Nunca sé qué contestar y el "claro, claro... ajá" no siempre funciona.

Bien me puede estar hablando de su padre moribundo y yo, sonriente, le contesto: "ah... guay.."

Ya me he llevado patadas por debajo de la mesa a escondidas y como advertencia. Por lo visto cada vez me esfuerzo menos en fingir que le entiendo. Ni me había dado cuenta.

La temo cada vez que posa su mirada en mí.

*

En fin, había parado un momento para abastecerme de pañuelos papel higiénico (soy una visión celestial en este instante). Voy a seguir con la mejor parte...

"Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre, prepárate a morir."

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Nuevas http://never.lacoctelera.net/post/2009/10/15/nuevas 2009-10-15T12:58:22+00:00 Nuevas vistas, nueva rutina, nuevas clases, nuevas personas...

Nueve días en esta ciudad y por ahora, con quién mejor me llevo es una friki-loca obsesionada con conspiraciones milenarias y que no puede tomar azúcar (o se vuelve agresiva) y un chico que no habla. Al menos, nunca le he visto hacerlo. Pero sí que hemos intercambiado miradas cuando a nuestro alrededor se han oído burradas.
Rima.

A los cinco o seis días de estar aquí, ya oí a un grupito que hablaba de lo rara que soy. Si casi no había abierto la boca aun...

Mi compañera de convivencia es simpática, agradable y totalmente diferente a mí. Yo tengo una estantería con videojuegos, libros, cuadernos y "chismes". Ella tiene una estantería llena de maquillaje y cremas.

Nos cuesta un poco hablar, la verdad. Me resulta agotador esforzarme en seguir una conversación sobre ropa o "Física y química", la serie. Y ella cree que sólo me interesa "jugar a matar" y ver películas de carnicerías (¡pero si Sin City es una peli romántica!).

También hay esfuerzos por su parte. El otro día me vio un diseño a lápiz de un robot que iba a modelar en 3D y me preguntó, entre cumplidos, si lo iba a hacer con el Paint. Supongo que por intentar, de nuevo, una conversación que no acabara con cierta incomodidad.
Me costó no reirme. Bueno, vale, no lo conseguí. Pero tampoco me reí mucho.

Aunque no sé cómo, me encontré anoche consolándola por una pelea que tuvo con su novio.
Hasta me pidió un abrazo.

Me sentí un poco Sheldon (The Big Bang Theory), intentando comprender la conducta humana. Lo único que puedo decir del tema es que el novio es imbécil y ella más por dejarle tratarla mal.

[...]

No sé si conté por aquí que me mudaba para estudiar animación 3D. Las clases son geniales. De verdad que no sabía que esto iba a gustarme tanto. Y menos mal que me gusta, porque con el trabajo que tiene, me amargaría si no fuera así.

Tengo que pensar un nombre artístico...

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Rabiosa. http://never.lacoctelera.net/post/2009/10/02/rabiosa 2009-10-02T20:14:05+00:00 Esa es la palabra.
Tengo ganas de romper cosas, de patear la pared, de estrellar una silla contra una ventana.
Oh, eso sería maravilloso.

Pero no, me he contentado con darle unos puñetazos a la pared (después de años aun no tengo colgado el saco de boxeo). Lamentablemente, pese a los guantes, me destrozo las manos, así que no puedo abusar. Ya solo me faltaba lesionarme.

Estoy cansada de estar enferma un día sí y otro también. De ir a urgencias una vez a la semana. De que los médicos no sepan decirme qué tengo.

Estoy cansada de intentar entender a algunos.

De que siempre haya obstáculos. En fin, es algo a lo que me acostumbré hace mucho tiempo. Si algo puede ir mal, irá mal. La ley de Murphy y todo eso. Pero de vez en cuando no estaría mal que todo saliera rodado.
Así quizá dejaría de lado eso de no ilusionarme realmente con nada porque luego sale mal. Sonará muy negativo, pero oye, si luego sale bien, esa alegría que me llevo y si no, pues ya estaba preparada.

Y a unos días de tener que terminar un proyecto final y de empezar un curso en otra ciudad y en el que el uso del ordenador es fundamental, va y se me jode el cabrón. Me habría gustado destrozarlo con un martillo.

Estoy cansada de decepciones.

De callarme cuando algo duele.

De la puta distancia.

Estoy tan cabreada que si hablo es para gruñir. Intento no hacerlo. No todo el mundo se merece eso. Pero me cuesta.
Demasiada estupidez en el mundo. A veces quieren ayudar, pero como decía Nicholson en Mejor imposible: “yo me estoy ahogando y tú me estás describiendo el agua”. Eso y que soy lo bastante inteligente para que no se me pueda animar/calmar con gilipolleces.

Solo unas poquitas, poquitas, personas se libran. Las cuento con dos dedos.

El resto, unas veces porque son estúpidos, otras porque me son indiferentes y otras porque no se merecen aguantar mis malas contestaciones, prefiero mantenerme alejada.

Cada día me vuelvo más desconfiada y no me gusta. Me retraigo con mucha facilidad.

Ahora mismo estaba pensando en los satisfactorio que sería cargarme el portátil que estoy usando para escribir (y me han prestado).

No sé si tomarme otra infusión tranquilizante que no me hará nada, despellejarme los nudillos contra la pared o gritarle al primero que me mire. Pero tengo que hacer algo.

Ojalá existiera el Club de la lucha.

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¿Mande? http://never.lacoctelera.net/post/2009/09/05/mande 2009-09-05T15:37:18+00:00 Viendo las noticias, la presentadora ha dicho:

…y van a bajar los sueldos a los banqueros.

Y por un instante, un breve instante, me he paralizado mientras trataba de comprender el porqué de esa bajada. Si era porque los vampiros sólo pueden trabajar de noche y eso les limita o por un tema de prejuicios contra ellos.

Antes de poder indignarme ya he caído en que no hay vampiros (que se sepa) y que probablemente habrían dicho otra cosa.

Pero bueno, confundir “banquero” con “vampiro” no es tan descabellado.

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Búsquedas http://never.lacoctelera.net/post/2009/09/02/busquedas 2009-09-02T22:12:08+00:00 Tengo entendido que un post así es un clásico, yo es la primera vez que lo hago (creo). Pero es que tengo guardadas unas cuantas que me llamaron bastante la antención.

La gente encuentra mi blog buscando en Google cosas como:

- Aladdin y Jasmine follando

Sin comentarios.

- Como decirle al chico que me gusta que deje el wow

LOL

- Como ligar con una chica en el wow

Asume ya que, probablemente, NO es una chica…

- Sexo en el wow

Compraos una muñeca hinchable y le ponéis la cara de Sylvanas -.-U

- Prostitutas.

Ehmm…

- Cómo empezar a prostituirse

O_O

- Quiero prostituirme.

Pero…

- Me prostituyo

Vaaaale, escribí un post que se titulaba así. ¡Pero no iba en serio!

- Follar en la bañera

¿Alguien me encuentra buscando algo que no esté relacionado con el sexo? ¿Y qué información concreta necesitaba este o esta? ¿Hay formas predefinidas en Internet para hacerlo según la forma de la bañera o la temperatura del agua?

- Como declararte a tu chica por Internet

Uhm, mira, un romántico… Pero si ya es tu chica ¿qué tienes que declarar?

- Racistas de mierda

Escribí un post en el que dejaba a mi familia en muy buen lugar… para variar.

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"El dinero no da la felicidad, http://never.lacoctelera.net/post/2009/08/28/el-dinero-da-felicidad 2009-08-28T14:03:56+00:00 pero procura una sensación tan parecida que se necesita a un especialista para verificar la diferencia."

Siempre me ha gustado esa cita de Wilde. Y pensaba que era cierta, hasta cierto punto. Todo es mucho más fácil con dinero.
Estudiar dónde quieres no es un problema, puedes viajar, gastarte 30 euros en un libro sin pestañear, salir a cenar, pagar un buen médico…

Y todo eso contribuye al bienestar de una, aunque ver un billetazo no te provoque el éxtasis (bueno, conozco alguna que según la cantidad puede sufrir un orgasmo).

He pasado por las dos cosas: tener dinero y no tenerlo. Me crié sin mucho dinero, sin caprichos, sin teléfono fijo ni televisión, viviendo en pisos diminutos de alquiler, sin gastarme dinero en chuches y sin pedirle a mi madre que me pagara clases de violín (me gustaba, qué pasa, salí con gustos caros).
Mis juguetes eran los que me regalaban familiares o amigos. Mi madre llegó a tener tres empleos a la vez, por lo que estaba casi siempre sola.
Recuerdo que para hacerme la comida en el hornillo viejo de mi abuelo, tenía que subirme a un taburete. En una ocasión, y debido a mi torpeza (lo admito, dicen que soy patosa con razón), me eché encima un montón de aceite hirviendo y tuve que recurrir a los vecinos (con la vergüenza que me daba) para que me ayudaran. Dolía demasiado despegarse la ropa. Me ayudaron como siempre encantados. La cosa no era tan horrible como parecía. Agua fría, pomada y sólo me quedaron algunas manchas en la piel que desaparecieron al poco tiempo. Era un matrimonio sin hijos que ahora pienso que no podían tenerlos o andaban buscando un bebé, con el instinto maternal disparado.
Me dieron un yogur.
Su casa era completamente diferente a la mía. Todas las comodidades de la época, cuadros con marcos dorados, muebles blancos…

Que conste que no pasaba hambre ni nada de eso. Pero había bastantes limitaciones.

Y luego vino la abundancia. No una abundancia tipo yate, o sea. Pero sí como para salir a cenar cuando quisiera, vivir en una de esas casas que se veían en Médico de familia y pagar una escuela privada.
Bueno, he de decir que pasar de 30m cuadrados para cuatro personas a una casa con dos plantas y una terraza enorme es… desconcertante. Hay muchos ruidos por todas partes. Las primeras noches no podía dormir bien. Era como dormir al aire libre. Que sí, que molaba pero Lara (mi perra) y yo no nos separábamos. Había muchas cosas raras rondando.

Y si bien ahora había mil comodidades, las cosas se estaban poniendo feas en otros sentidos. Cuando tienes dinero, tienes miedo a perderlo y se hacen estupideces para asegurarse de que no sea así.
Y a mí, la verdad, me agobiaban esas estupideces. Al igual que la actitud.
Una persona que estuvo en diversas organizaciones ayudando a inmigrantes, ahora se dedicaba a ponerlos a parir y agarrarse el bolso si pasaba cerca de uno. Cuando había poco dinero, donábamos de cuando en cuando a alguna ONG. Ahora que había de sobra, no se soltaba un duro.

[…]

Y como vino, se fue. No es que tengamos que volver a un piso de 30m (bueno, yo sí). Pero las cosas vuelven a ser complicadas respecto al dinero.
Y esos que eran tan amigos, (qué digo amigos... ¡familia!) ahora desaparecen junto con la pasta.
Y yo me siento mejor. Ahora parece que todo vuelve a estar en su sitio (casi).
Sin ese humo que te nubla los sentidos y te convierte en lo que se supone que odias.

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¿Paso la mopa o barro? http://never.lacoctelera.net/post/2009/08/09/paso-mopa-o-barro 2009-08-09T18:17:44+00:00 ¿Cómo se cose un botón? ¿Uso la batidora para hacer un batido? ¿Cuál es la mejor forma de preparar un centro de flores? ¿Cómo funciona un microondas?

Esas grandes dudas de las mujeres ya nos son resueltas en un curso práctico. Un curso que las madres deben enseñar a sus hijas. No vaya a ser que vayamos por la vida sin saber cocinar, limpiar o buscar una palabra en el diccionario.

Atención al temario que encontré en éste blog, ya que la página web oficial está en revisión.

Lo peor es que, por lo visto, recibían dinero de la Junta de Andalucía.

Manda webs.

(Este post llega un poco tarde, pero es que se me había olvidado. Yo me enteré de casualidad de la existencia de la web.)

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Asco http://never.lacoctelera.net/post/2009/08/08/asco 2009-08-08T02:35:32+00:00 Iba de la mano con mi hermana. La jodía ha dado otro estirón y es igual de alta que yo.
Habíamos tomado ya el camino de vuelta a casa, después de un helado y unas chuches en el parque. Y subiendo la cuestecita unos críos (17-18 años) en bici se nos ponen detrás parloteando y riéndose.
Mi hermana me estaba contando alguna anécdota del campamento dónde ha estado y mientras me esforzaba en escucharla, oía a los niñatos alguna palabra suelta.

Marimacho.
Me gusta.
Fiesta.
La de azul.

Mosqueada, empiezo a darme cuenta de que hablan de nosotras. Así que les escucho para enterarme mientras mi hermana sigue hablando sin cesar, algo nerviosa. Pensaban que éramos lesbianas por ir de la mano y que nos lo montábamos “cómo guarras”.

Pues yo me follaba a la otra.
Pero si son lesbianas, no te las podrás tirar.
A mí me gustan los chochitos lacios.
Anda, vámonos
No, las seguimos… detrás de ellas…

Cuando me he dado cuenta de que estaban hablando de tirarse a mi hermana, por un segundo, me he sentido… conmocionada.

A la del pelo largo le daba yo por detrás…

Mi hermana es la del pelo largo. Rápidamente hemos pasado de la conmoción a la rabia. Pura y dura, cómo hace años que no sentía. Mi sangre ha empezado a hervir, la garganta me quemaba y se ha adueñado de mí la misma sensación de descontrol que no sentía desde aquella vez que rompí una puerta para llegar hasta la persona que se escondía detrás (una larga historia de la que me avergüenzo).
Me he girado y les he dicho que estaban hablando de follarse a una niña de doce años.

Uno de ellos, obviamente avergonzado, ha salido huyendo. Los otros dos se han quedado mirándome, mientras yo vomitaba frases que no logro recordar.
Las palabras que salían de mi boca me parecían casi tangibles. Creo que se suele utilizar el vocablo “puñales”. Una sensación rara cuando haces daño deliberadamente.

A uno le he hecho llorar y el último se me ha encarado. Parecía no estar muy seguro de qué decirme, pero tenía ganas de cerrarme la boca, eso seguro.
Hasta que ha visto que el llorón se piraba también y se quedaba solo. Entonces se ha callado y ha ido tras sus amigos.

A punto he estado de hacer una gran tontería. Pero he recordado a tiempo que mi hermana estaba allí. La que, por cierto, me miraba como cuando le preparo tortitas con chocolate. Una mezcla entre expectación, admiración y agradecimiento.

No sé si es bueno o malo. En fin, no es mal ejemplo (creo) el pararle los pies a esos chicos. Cansada estoy de pasar de largo ante insinuaciones soeces e insultos. Cosa con la que tendrá que vivir toda su vida por ser mujer. Normalmente no merece la pena prestar atención, pero algunos días ya te tocan la moral.
Me gustaría decir que no es tan fácil encontrarte con gilipollas así. Lamentablemente, mentiría. Que yo no soy nada del otro mundo y me encuentro con cosas así demasiado a menudo.

El problema es, que no recuerdo qué demonios he dicho, ni cómo lo he dicho. Lo mismo les he amenazado con amargarles el resto de su vida (no creo) que me he dedicado a describirles lo patéticos que son o me he limitado a llamarles de todo.
Optaría por lo segundo viendo los llantos del chico. Además, si quiero hacer daño no le llamo “gilipollas/hijo de puta/cabrón” a alguien. Esos epítetos no tienen ningún significado a estas alturas.

Luego les hemos seguido. Viendo que se dirigían a nuestra calle.

- Qué vas a hacerles?
- Nada
- Ya, y por qué les seguimos entonces
- …
- Venga, Nev, qué vas a hacerles?

No sé por qué quería saber dónde viven (al menos uno de ellos, los otros serían amigos). Una vez que hemos visto que era una casa cercana, he entrado en casa y le he preguntado a mi madre si conocemos al vecino.
Mientras le contaba lo que había pasado, me pedía que me tranquilizara, que parecía que iba a destrozar algo. Hasta que le he recordado que a mí nunca me sale la rabia por ningún lado que no pasa anda porque me salga ahora mientras despotrico sobre unos niñatos.
No sólo me ha dado la razón, me ha animado a seguir.

Mientras decidía cómo decirle al vecino la mierda de hijo que tiene, me he acordado de que los chicos parecían bastante sorprendidos por la edad de mi hermana. No sabían que se lo estaban diciendo a una menor. Me ha aplacado un tanto.
Luego he pensado que de ir sola mi hermana, habría tenido que soportar a esos niñatos diciéndole burradas y siguiéndola.
Han pasado casi cuatro horas y aun no me he calmado. Y eso que me estado entreteniendo en otras cosas (o intentándolo).

La parte positiva de esto es que mi madre, que me había retirado la palabra por “dejarme maltratar” hace poco, ahora me mira con respeto.
Dudoso honor.

Sin embargo, creo que, mi vieja idea de no darle a mi hermana un ejemplo violento (por variar un poco) se ha ido al retrete.

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Los días de nuestra vida (Conversaciones con el pasado -2-) http://never.lacoctelera.net/post/2009/08/03/los-dias-nuestra-vida-conversaciones-con-pasado-2 2009-08-03T23:52:49+00:00
Mamá Victoria, el abuelo y la gata blanca.

Dice mi abuela que soy la viva imagen de Mamá Victoria, mi bisabuela, la que no conocí. Que, cada vez que tomo una decisión, le recuerdo a ella casi tanto como a su marido, mi abuelo (no del que he hablado aquí en otras ocasiones).
Mi abuela odiaba a Mamá Victoria, así que no estoy muy segura de cómo tomármelo. Por ahora me río.

Mamá Vicky tenía nueve hijos, todos varones. Los mayores trabajaban en la mina junto con el padre. Marchaban muy temprano a trabajar y volvían tarde, completamente negros por el carbón, hambrientos y siempre con alguna prenda suplicando un remiendo.
Mi bisa, después de pasar el día cuidando de los pequeños y no tan pequeños, les tenía siempre preparada la cena a los mineros. Cuando acababan, caían muertos en sus catres y ella, que llevaba desde el alba trabajando en la casa, terminaba de limpiar, preparaba las talegas para el día siguiente y zurcía calcetines usando pedazos de otros aun más viejos.

Cuando terminaba el trabajo, llegaba el momento de su premio. Cogía una silla y la subía encima de la mesa de la cocina que estaba justo debajo del único candil que se usaba en la casa. Y allí sentada, pegada a la leve luz, devoraba los libros que la gente del barrio le regalaba.
Así cada noche, hasta las dos o las tres de la madrugada. Mi abuela lo cuenta como si fuera una muestra de gran fortaleza (eso nunca se lo negará) pero, sin quitarle mérito a Mamá Victoria, me parece que ese era el mejor momento del día para ella, así que no debía costarle mucho.

Los vecinos le regalaban novelas y cualquier escrito que llegara a sus manos en agradecimiento a sus consejos. Se enteraba de todo lo que ocurría porque siempre estaban dispuestos a contárselo. Era la matriarca del barrio.

Un día estaba Mamá Victoria sentada en la puerta de la casa, leyendo uno de sus libros en voz alta para un grupo de vecinos (por lo visto era el entretenimiento semanal puesto que pocos sabían leer). Su delantal estaba sucio después de preparar las comidas. Pasó una vecina que solía mirarla por encima del hombro. La mujer venía de una buena familia, pero al enviudar se quedó tan pobre como el resto y con una hija que decían que era “de vida alegre” (por no decir “puta”. Uy, lo dije). Claro que, a saber lo que entendían en aquella época por “vida alegre”.

- Mamá Vicky, está usted sucia ¿no ha visto la mancha en el delantal?- dijo delante de todos y con cierta sorna, demasiada para el gusto de Victoria.

- Mejor tener una mancha en el delantal que no en la familia - respondió rápidamente antes de volver la cabeza al libro y continuar la lectura.

Mi abuelo, el noveno de sus hijos, me contaba la historia de cuando él nació. Mamá Vicky se alegró cuando la comadrona le dijo que había nacido muerto y lamentó cuando oyó al bebé llorar de pronto. Una boca más que alimentar.
Por lo visto mi bisa no se privaba de decirle al más pequeño de sus hijos lo poco que le alegraba haberlo tenido.
Cuando mi abuelo estaba aprendiendo a andar, una gata blanca se coló en casa de los [apellido de Never] y sin mediar maullido, ignorando al resto, se restregó contra las piernecitas de mi abuelo. La gata sin nombre ya no quiso despegarse de él hasta que murió.
A Mamá Victoria, eso de alimentar a una gata callejera no le hacía ninguna gracia e intentaba convencer a su hijo para deshacerse de ella.
Pero mi abuelo se negaba a dejarla desamparada. Decía que ella no había pedido venir al mundo y que no se le podía culpar por ello. Imagino que ese izquierdazo de mi abuelo hacía que Victoria no se tomara tan en serio lo de perder a la gata.

Mi abuelo jamás decía palabrotas ni maldecía. Lo más que le oí alguna vez fue decirle “imbécil” a uno. Lo recuerdo perfectamente porque era la primera vez que le oía algo así y porque, el imbécil en cuestión, era mi tío y no sabía que mi abuelo y yo estábamos de acuerdo en eso.
Pese a todo, su sentido del humor rozaba el mal gusto, según alguna que yo me sé. En realidad es que el muchacho no era políticamente correcto cuando se trataba de reírse de la vida, la muerte o el que tuviera delante si le había tocado las narices. Aunque no abusaba de insultos o ataques. Le parecía indigno.

Era muy soberbio. En cuanto oía una palabra que no conocía el significado, la miraba en el diccionario. Odiaba que alguien pudiera ser más culto o inteligente. Antes que preguntar qué significaba tan cosa o cómo se hacía, cortaba la conversación de raíz y esperaba para enterarse por su cuenta y poder dar las lecciones él más tarde.

Cada marzo le regalaba la manualidad del día del padre que habíamos hecho en el colegio. Jamás me dijo que estuvieran bien o mal. Con su habitual mirada severa, colocaba el dibujo con macarrones colgado en el salón, para que todos lo vieran.

Se burlaba de mi abuela por ver telenovelas cursis y alegaba que para ver eso, mejor se iba a la habitación a echarse una siesta. Le pillé más de una vez viendo la misma telenovela cursi en la tele de su habitación, con el volumen muy bajito para que no nos enteráramos de que la veía a escondidas.

Mi abuelo no era famoso por hacer regalos, precisamente. En 40 años de matrimonio, sólo le regaló a mi abuela una vez un ramo de flores. El día que a mí me regaló un peluche de una gata blanca, el único que tengo, mi abuela no cabía en sí de asombro.
Yo no conocí a la gata callejera original. Murió mucho antes de que yo naciera. Pero conocí a una imaginaria que mi abuelo me presentó. Jugábamos con ella cada tarde. A veces era una revoltosa y otras (cuando mi abuelo estaba cansado) se limitaba a dormir al lado de su sillón mientras yo la acariciaba.
Tengo la imagen de aquel animal grabada en mi memoria, como si fuera real. Y el peluche aun en mi estantería. Sonrío cada vez que me acuerdo.
Aunque odie a los gatos blancos y siempre haya querido un perro negro (^^U).

Él era más de gestos, no de cosas materiales. De actuar y no de hablar. De ayudarte con cara adusta, en vez de agasajarte y dejarte en la estacada. Era de los que no te daban dos besos al entrar y salir de tu casa, pero se pasaba la noche en vela para asegurarse de que las pesadillas te dejaban dormir. De dejarte elegir tu camino, que cometas errores, que aprendas… Sin discursos preconcebidos sobre el bien y el mal.

Murió fingiendo que no sabía que tenía cáncer, para dejarlos a todos tranquilos. Pero la gata y yo sabíamos la verdad.

No estoy segura de que me alegre que me comparen con Mamá Victoria, pero sonrío cuando encuentran parecidos entre mi abuelo y yo.

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MIS gafas http://never.lacoctelera.net/post/2009/08/01/mis-gafas 2009-08-01T02:25:32+00:00 Al fin. Después de tantos años deseándolas. Siempre me han gustado, pero veía demasiado bien.
Por “suerte”, ahora no veo tres en un burro de lejos, así que me han puesto gafas.
Soy feliz. Nunca entendí a los que se burlaban de los demás por llevar gafas o los que tenían (¡podían!) llevarlas y preferían no hacerlo.

Son preciosas.

Pero tienen una pega. No había contado yo con la visión periférica. O la carencia de ella.
Las patillas hacen que no vea prácticamente nada por los lados. Que parece que no es importante… pero ayer me di contra un contenedor, una farola y casi contra una lámpara.
Diantres, es que me giraba y de pronto estaban ahí. Sin previo aviso. ¬¬

Pero qué bonitas son mis gafas moradas.
:D

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